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La consulta en Crimea

This was published under the 2010 to 2015 Conservative and Liberal Democrat coalition government

Elegir algo no es realmente elegir cuando se hace con una pistola en la cabeza.

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Aún así, el próximo domingo al pueblo de Crimea se le pedirá hacer una elección imposible: votar para quedar bajo el yugo de Rusia; o votar por la independencia - sin garantía alguna de que Rusia mostrará más respeto por la soberanía de una Crimea independiente del que ha mostrado por la integridad territorial de una Ucrania independiente - .

Las probabilidades obviamente se inclinan en favor de Rusia – como lanzar al aire una moneda: cara, gana Rusia; cruz, pierde Crimea.

El voto – sea cual sea el resultado- es ilegal y anticonstitucional: no hay ninguna duda al respecto. Los términos de la constitución de Ucrania son inequívocos: únicamente se puede llamar a un voto a solicitud de tres millones de ciudadanos; debe ser un referéndum exclusivamente ucraniano; y únicamente puede pedirse desde el Parlamento de Ucrania. No se ha cumplido ninguna de estas condiciones.

El voto será ilegítimo ¿Y qué otra cosa podría ser un voto emitido bajo la sombra de la presencia de tropas rusas armadas, en una región bajo ocupación militar?

Estas cuestiones deben de resolverse en referendos libres y abiertos – como lo veremos en Escocia en el transcurso del año. Pero el referendo del domingo en Crimea no será ni libre ni justo.

Desde hace dos décadas hemos buscado dejar atrás la tensión y la desconfianza de la Guerra Fría, y reconocer la enorme y positiva contribución de Rusia a la comunidad internacional – y a la prosperidad de nuestros pueblos.

Se ha construido una red de acuerdos e instituciones internacionales lo mismo para evitar repetir las amargas confrontaciones del pasado y para resolver los diferendos por medios pacíficos. Organizaciones como la OSCE y el Consejo de Europa, de los cuales Rusia es miembro pleno, existen con la finalidad de ayudar a los estados a abordar temas de autodeterminación y defender los derechos de las minorías.

Pero la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa – el estandarte de la integridad electoral – ha declarado que el referéndum será ilegal y no enviará observadores.

Sin embargo, aún no es demasiado tarde para Rusia aprovechar estas instituciones, de trabajar con un verdadero compromiso diplomático y encontrar una resolución pacífica.

Seguimos urgiendo al Presidente Putin a que utilice su autoridad para bien en Crimea, Ucrania, Europa y Rusia, para poner fin a esta crisis.

Un paso fundamental sería que Moscú se abstuviera de legitimar el resultado de este absurdo referéndum del domingo próximo. Después de todo, éste no tendrá efecto legal alguno. No tendrá fuerza moral. Y no tendrá el reconocimiento de la comunidad internacional. Y no debería de realizarse.

Por Duncan Taylor, artículo publicado en reforma.com

Published 15 marzo 2014