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El Reino Unido es ferviente defensor de la libre expresión, por eso encabeza la guerra contra las noticias falsas

En su artículo para el Evening Standard, el Ministro de Asuntos Exteriores del Reino Unido explica por qué la defensa de la libertad de medios debe ser un elemento esencial de la política exterior británica.

Foreign Secretary

Publicado el 1 de noviembre de 2018

John Stuart Mill se halla ente los más grandes y más optimistas defensores de la libertad que hayan jamás existido. Ya en 1859, escribía: “Es de esperar que haya quedado atrás la época en que resultaba una necesidad defender la libertad de prensa como una de las garantías contra la corrupción o la tiranía de los gobiernos.”

Lamentablemente, la cuestión que Mill creía resuelta aún se debate furiosamente en muchas partes del mundo. Este año, 62 periodistas fueron asesinados y cientos más están encarcelados por el simple delito de desempeñar su trabajo. El deplorable asesinato de Jamal Khashoggi el pasado 2 de octubre ofrece nueva evidencia de los riesgos que muchos periodistas están obligados a correr.

En consecuencia, la defensa de la libertad de medios tiene que ser un elemento esencial de la política exterior británica en apoyo de la función que tiene nuestro país como cadena invisible que une a las naciones que comparten nuestros mismos valores.

Yo escribo como político y, al igual que muchos otros colegas, no siempre disfruto de lo que leo acerca de mí en los diarios. Los medios a veces cometen errores y los periodistas, como seres humanos que son, pueden caer en la exageración y el exceso. Pero ninguno de nosotros querría vivir en un país donde la prensa estuviera amordazad o controlada. Tener medios con voluntad y capacidad de investigar irregularidades, exponer fallas y criticar a los poderosos ofrece una de las mejores defensas contra la corrupción y la arbitrariedad del poder estatal.

La cancillería británica siempre ha buscado fomentar la buena gestión pública y vencer a la corrupción. Promover la libertad de medios es parte fundamental del logro de ambos objetivos. Esto no es una mera afirmación o suposición. Hay datos contundentes que muestran un impactante nivel de coincidencia entre los países con menor corrupción y los países con mayor libertad de prensa.

Si tomamos a las 10 naciones con mayor nivel de transparencia a nivel mundial en el año 2017, según el ranking de Transparency International UK, observaremos que 6 de ellas también aparecen entre las primeras 10 del índice de Libertad de Prensa.

Y la coincidencia también se verifica en el otro extremo de la escala. De los 10 países más corruptos del mundo, 4 también se encuentran entre los últimos 10 del ránking de libertad de prensa.

No se necesita mucha imaginación para comprender por qué. Los poderosos se ven disuadidos de abusar de su posición cuando existe la probabilidad de que su conducta quede expuesta. Y también es cierto lo contrario: si no corren riesgo de ser descubiertos por los medios, o si llegan a un nivel en el que quedan exentos de controles, es más probable que los poderosos experimenten una sensación de impunidad que lleve a la corrupción.

El año próximo, voy a oficiar como anfitrión de una conferencia internacional en Londres sobre libertad de medios. Mi objetivo es congregar a los países que crean en esta causa para impulsar un consenso que respalde la protección del periodismo. El Reino Unido será esa cadena invisible que una a las naciones que comparten estos mismo valores.

No podemos impedir que los periodistas sean físicamente privados de su libertad en otros países pero, si los gobiernos optan por encarcelarlos sin la debida justificación, podemos alertar a la opinión pública mundial y hacerles pagar un costo diplomático.

Las embajadas británicas tienen como tarea de rutina tratar de influir sobre el gobierno del país anfitrión cuando ocurren violaciones graves a la libertad de medios. Y yo mismo me hago cargo de ciertos casos puntuales. Cuando me reuní con Aung San Suu Kyi, el líder birmano, le planteé la lamentable situación de los 2 periodistas de Reuters encarcelados después de realizar un informe desde el estado de Rakhine, donde más de 700.000 refugiados musulmanes rohingya habían sido expulsados de sus hogares desde 2017.

Diplomáticos de nuestra embajada en Birmania asistieron al juicio de los periodistas y nuestro embajador se pronunció abiertamente contra el veredicto de culpabilidad.

Mi país también apoya proyectos impulsores de la libertad de medios a través del Fondo Magna Carta para los Derechos Humanos y la Democracia. Estamos ayudando a capacitar a periodistas en Etiopía, donde un nuevo primer ministro prometió un enfoque más lúcido, y en Venezuela, donde un gobierno autoritario ha suprimido cualquier crítica. Vamos a tratar de incrementar la cantidad de periodistas beneficiarios de esta capacitación, incluso en las salas de redacción del Reino Unido.

En la era de las noticias falsas y la propaganda coordinada por parte de Estados hostiles, apoyar la libertad de medios también significa contrarrestar la ascendiente marea de la manipulación informativa. Si bien nunca fue más fácil que ahora publicar y recibir información, también es cierto que jamás fue más fácil diseminar mentiras y teorías conspirativas. Las redes sociales ofrecen la dañina oportunidad de avivar el odio e incitar a la violencia contra minorías vulnerables.

Es por ello que el Reino Unido está contribuyendo a impulsar la lucha contra la propaganda manipuladora y el uso indebido de Internet. Este año, el gobierno aportará 8,5 millones de libras para llevar adelante esta fundamental labor en Europa del Este y Asia Central.

Todo esto respalda nuestro objetivo de promover la buena gestión pública dondequiera que se pueda. Sin embargo, en última instancia, pienso que el canciller del Reino Unido debe defender la libertad de medios no primariamente por razones de política gubernamental, sino porque esta forma parte de los valores que profesa nuestro país. La democracia, el estado de derecho y la libertad de expresión no significan nada a menos que existan periodistas independientes que puedan hacer rendir cuentas a los poderosos, por muy incómodo que esto les resulte a quienes sean objeto de esta tarea.

Tener medios libres es parte de un conjunto de valores en los cuales cree este país, lo que nos convierte en esa cadena invisible que une a las naciones con ideas afines.

Espero que algún día logremos justificar el optimismo de John Stuart Mill y que ya no haya necesidad de defender esta causa. Hasta entonces, debemos hacer todo lo posible por salvaguardar y promover la libertad de medios.

Published 2 November 2018